Los Lanzallamas
Los Lanzallamas Erdosain se deja mecer en las tinieblas por el vaivén de esa misteriosa agua oscura, que en la noche puede denominarse vida centuplicada de los sentidos atentos. Erdosain continúa su soliloquio. En todas las ciudades ocurre este fenómeno. No importa que lleven nombres hermosos o ásperos. Que estén en las orillas de Australia, en el norte de África, en el sur de la India, en el oeste de California. En todas las ciudades del mundo los colchoneros, inclinados sobre sus máquinas de cardar lana, calculan ganancias con los ojos, mientras los blancos vellones les cubren los pies. En todas las ciudades del mundo los fabricantes de camas miran con ojos de peces, por sobre sus anteojos, a los cargadores que cargan en los camiones camas portátiles.
Y de pronto, un grito estalla involuntariamente en Erdosain:
—Pero yo te amo, Vida. Te amo a pesar de todo lo que te afearon los hombres.
Sonríe en la oscuridad y se queda dormido.