Los Lanzallamas
Los Lanzallamas —Yo no me burlo…
—Me importa un carajo que te burles o no. Yo hablo de Jesús, que limpiaba toda alma impura. Cuando Él miraba a los hombres, ellos se daban cuenta de que Él estaba detenido con sus ojos en el fondo plano de sus espÃritus. Y como el albañil que raspa una pared y desgrana el cemento entre sus dedos, para saber qué proporción de cal y arena hay en la mezcla, él desgranaba entre sus dedos el secreto de los hombres y les decÃa en qué proporción estaban mezcladas en sus almas las arenas del deseo con la cal del pecado. Jesús era asÃ. No dejó dicho todo lo que pensaba, porque los hombres no estaban preparados para ello. Vos sabés que poco o nada se sabe de su vida. Anduvo errante por los caminos. Allà conoció a ladrones de cabras y a mujeres que se acuestan con esclavos fugitivos. En esa época habÃa esclavos. ¿Vos pensaste en la pena que sufrirÃa su pobre corazón al verse tan solo entre gente que a cada momento esperaba el suplicio, la horca, la cruz, el látigo, el hierro candente? Decime francamente: ¿pensaste alguna vez en Jesús, en el Jesús ambulante, el Jesús linyera?
—No.