Los Lanzallamas

Los Lanzallamas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Se metió despacio bajo las sábanas, evitando rozar con los pies el cuerpo de la jovencita. Apagó la luz, y durante algunos minutos permaneció mirando la oscuridad incoherentemente. Luego, dándole las espaldas a la Bizca, apoyó la mejilla en la almohada, encogió las piernas, y quedó súbitamente dormido, con las manos engarfiadas junto al pecho. 

Durmió dos horas. Es probable que no se hubiera despertado en toda la noche, pero una mano quemante bifurcaba los dedos en su bajo vientre. Volvióse al tiempo que la Bizca lo atraía hacia sus senos; y como su brazo estaba debajo de la almohada, al hacer el movimiento de retirarlo para abrazarla involuntariamente tocó la pistola. Un antiguo pensamiento se renovó en él.

“Así debió de estar el fraudulento aquel que mató a la muchachita”, pensó, e instantáneamente su atención se desdobló para atender dos trabajos distintos.95

La boca de la Bizca se había agrandado, y era una hendidura convulsa que se apegaba como una ventosa a su boca resignada. Erdosain involuntariamente tanteaba debajo de la almohada el cabo del revólver. Y la frialdad del arma le devolvía una conciencia helada que hacía independiente su sensualidad de aquel otro horrible propósito paralelo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker