De sobremesa
De sobremesa ¡Eres hermoso! —dijo clavándome los ojos negros de acariciadora mirada y atrayéndome hacia ella—. Eres hermoso, pero ¿por qué miras esas flores con ojos de loco?, son unas flores que me trajeron de Niza y las había olvidado ahí… ¡Mira la mariposita blanca que se vino entre la caja! —gritó mirando el insecto que emprendió vuelo por el aire de la alcoba perfumada y tibia.