Amor y amistad
Amor y amistad ¡Ay, mis temores eran más que justificados! Sophia empeoró gradualmente, y yo me sentÃa cada vez más alarmada por su estado. Por fin, se vio obligada a permanecer confinada todo el tiempo en la cama que nuestra generosa casera nos habÃa asignado; su enfermedad se agravó de forma galopante y en pocos dÃas acabó con ella. En medio de todas mis lamentaciones (y podrás imaginar que eran muy vehementes), no dejé de recibir cierto consuelo del hecho de haberla atendido en todo momento durante su enfermedad. HabÃa llorado sobre ella todos los dÃas; habÃa bañado con mis lágrimas su dulce rostro y habÃa tomado constantemente sus manos entre las mÃas.