Amor y amistad
Amor y amistad Por fin, la luz del dÃa me permitió contemplar al villano sin conciencia que habÃa perturbado tan violentamente mis sentimientos. Se trataba de sir Edward, el padre de mi fallecido esposo. A su lado, se sentaba Augusta y, en el mismo lado del asiento, iban sentadas tu madre y Lady Dorothea. Imagina mi sorpresa al encontrarme asà sentada entre mis antiguos conocidos. Si mi perplejidad era ya grande, esta se vio en gran medida incrementada cuando, al mirar por la ventanilla, descubrà al esposo de Philippa y a la misma Philippa sentada a su lado, sobre el pescante, y cuando, al mirar hacia atrás, vi a Philander y a Gustavus en el asiento exterior.
—¡Oh, cielos! —exclamé—. ¡Es posible que tan inesperadamente me vea rodeada de mis familiares y mis conocidos más directos!
Estas palabras despertaron al resto de la compañÃa, y todas las miradas se dirigieron a la esquina del coche en la que iba sentada.
—¡Oh, mi Isabel! —continué, arrojándome, por encima de Lady Dorothea, en sus brazos—. ¡Recibe una vez más en tu seno a la infortunada Laura! ¡Ay, la última vez que nos vimos, en el Valle de Uske, yo era feliz por haberme unido al mejor de los Edwards, tenÃa un padre y una madre, y no conocÃa la desdicha! Pero, ahora, privada de toda amistad salvo la tuya…