Amor y amistad
Amor y amistad —¡Oh, desde luego que sÃ! —repliqué yo—. Veamos, empezaré por la mayor…, por Matilda. ¿Te parece bien, William? —y le lancé una mirada socarrona para avergonzarle.
—Se parecen tanto —dijo él—, que supongo que las faltas de una serán las de la otra.
—Bien, en primer lugar, las dos son terriblemente altas.
—Sin duda, las dos son más altas que tú —dijo él, con una sonrisa insolente.
—No sé qué me quieres decir —dije yo.
—Bueno —continuó él—, en el caso de que sean más altas de lo común, tienen una figura muy elegante, y en cuanto a su cara, ¡tienen unos ojos tan bonitos!
—Es imposible encontrar elegancia en figuras tan tremendas y apabullantes, y en cuanto a sus ojos, son tan altas que hubiera tenido que romperme el cuello para mirárselos.
—¡Qué lástima! —replicó él—. Aunque quizá es mejor que no lo hagas, porque podrÃas quedar deslumbrada por su brillo.
—¡SÃ, claro, es muy posible! —dije yo, en tono complaciente.