Amor y amistad
Amor y amistad —Solo tengo que añadir, mi querida Sophia, que, al morir el hermano mayor de mi Henry, casi al mismo tiempo, Lady Bridget se quedó viuda como yo y, como siempre nos habÃamos profesado mentalmente un gran afecto por lo bien que nos habÃan hablado a la una de la otra, aunque nunca nos habÃamos conocido, decidimos vivir juntas. Nuestras cartas, en las que escribÃamos sobre las mismas cosas, se cruzaron. ¡De tal forma coincidÃan nuestros sentimientos y nuestras acciones! Ambas aceptamos regocijadas las proposiciones que hicimos y recibimos de formar una sola familia, y desde entonces hemos vivido juntas, profesándonos el mayor de los afectos.
—¿Y eso es todo? —dije yo—. ¡Espero que no haya terminado!
—La verdad es que sÃ, y me pregunto si alguna vez ha escuchado una historia más patética.
—Nunca, y esa es la razón por la cual me ha agradado tanto, porque cuando uno se siente infeliz no hay nada tan placentero como las sensaciones que le produce escuchar una historia tan triste como la propia.
—Pero, mi querida Sophia, ¿por qué es usted infeliz?
—¿No ha oÃdo hablar, señora, del matrimonio de Willoughby?
—Pero, querida, ¿por qué lamenta tanto la perfidia de este, cuando llevó tan bien la de tantos otros jóvenes?