Amor y amistad
Amor y amistad —Añadió que no podÃa soñar con que la adorable Henrietta condescendiera a prescindir por él de los lujos y el esplendor a los que se habÃa acostumbrado, y que aceptara a cambio las comodidades que sus limitados ingresos podÃan permitirle, suponiendo incluso que su casa estuviera en condiciones de recibirla. Le dije que no podÃa esperar tal cosa, que serÃa una injusticia suponerla capaz de perder los bienes que ahora poseÃa y con los que tan noblemente ayudaba a las criaturas más desfavorecidas, solamente por agradarnos a él y a mà misma.
—La verdad es que soy una persona muy caritativa de vez en cuando —dije yo—. ¿Y qué dijo el señor Musgrove?
—Dijo que se encontraba en la melancólica necesidad de saber la verdad de mis palabras y que, si es que podÃa ser la feliz criatura destinada a ser el esposo de la bella Henrietta, debÃa armarse de valor para esperar, aunque fuese con impaciencia, ese afortunado dÃa en el que ella se viera libre del poder de indignos parientes y pudiera entregarse a él.
¡Qué criatura tan noble! ¡Oh, Matilda, qué afortunada soy, yo que un dÃa seré su esposa! Mi tÃa me llama para que baje a preparar pasteles. De modo que adeiu mi querida amiga.
Tu sincera, etc., etc…
H. HALTON.