Amor y amistad
Amor y amistad —¿No le dije que ese sentimiento era desconocido para usted misma? «No te quise animar diciéndotelo desde el principio —continué— porque pensé que la sorpresa te darÃa un placer todavÃa mayor». «No, prima —replicó él con voz lánguida—, nada puede convencerme de que he tocado el corazón de Henrietta Halton, y si tú te engañas a ti misma, te ruego que no intentes engañarme a mû. Para resumir, querida, me llevó varias horas persuadir al desesperado muchacho de que usted sentÃa cierta preferencia por él. Sin embargo, cuando por fin no pudo ya negar la fuerza de mis argumentos o rechazar lo que le decÃa… ¡describirle sus delirios, sus raptos o sus estados de Éxtasis, va más allá de mi poder!
—¡Oh, querida criatura! —exclamé yo—. ¡Cuán apasionadamente me ama! Pero, querida Lady Scudamore, ¿le dijo que yo dependÃa totalmente de mi tÃo y de mi tÃa?
—SÃ, se lo conté todo.
—¿Y qué dijo él?
—Estalló con virulencia contra tÃos y tÃas, acusó a las leyes de Inglaterra por permitirles poseer bienes que desean sus sobrinos y sobrinas, y deseó formar parte de la Cámara de los Comunes para reformar la ley y rectificar sus abusos.
—¡Oh, qué hombre tan dulce! ¡Qué espÃritu el suyo! —dije yo.