Amor y amistad
Amor y amistad —Perdóneme, corazón, si no coincido con usted en ese particular. Déjeme que me explique con claridad. Mi idea del caso es la siguiente: cuando una mujer tiene una gran proporción de color rojo en las mejillas, es que tiene mucho color.
—Pero, señora, yo niego que sea posible para alguien tener demasiada proporción de color rojo en las mejillas.
—¿Y qué pasa, corazón, si lo tienen?
La señorita Johnson había perdido por entonces toda su paciencia, algo que se acentuaba quizá por el hecho de que Lady Williams continuaba inflexiblemente fría. Deberá recordarse, sin embargo, que la dama, al menos en un respecto, contaba con una gran ventaja sobre Alice; quiero decir, por el hecho de no estar borracha, ya que cuando se acaloraba con el vino y se enardecía de pasión, tenía muy poco control sobre su temperamento.
La disputa terminó por ser tan encendida por parte de Alice que «de las palabras casi pasó a las manos». Afortunadamente, el señor Johnson entró en la habitación y con cierta dificultad consiguió arrancarla de Lady Williams, de la señora Watkins y de sus sonrosadas mejillas.