Amor y amistad
Amor y amistad Este amable hombre se sintió completamente feliz. Estaba casado con una mujer encantadora y digna de todos los elogios, tenÃa una gran fortuna, una casa elegante en el pueblo de Evelyn, y podÃa cultivar su relación con la señora Willis. ¿PodÃa pedir más?
Durante varios meses pensó que no, hasta que un dÃa, mientras paseaba por la maleza con Maria del brazo, observaron una rosa caÃda sobre la gravilla. HabÃa caÃdo de un rosal que, junto con otros tres, habÃa sido plantado por el señor Webb para dar una agradable variedad al paseo. Estos cuatro rosales servÃan también para marcar los lÃmites de la maleza, y por medio de ellos el viajero podÃa saber siempre cuánto habÃa avanzado por el prado. Maria se agachó para recoger la bella flor y, con su habitual generosidad, se la ofreció a su esposo.
—Mi querido Frederic —dijo—, te ruego que aceptes esta encantadora rosa.
—¡Rosa! —exclamó el señor Gower—. ¡Oh, Maria, no sabes lo que ese nombre me ha recordado! ¡Ay, mi pobre hermana, cómo te he abandonado!