Amor y amistad
Amor y amistad —Señor —dijo el señor Gower, tan pronto se sentó—, quizá le sorprenda la visita de un hombre a quien no podÃa esperar ver de ningún modo. Mi hermana, mi desdichada hermana, es la verdadera causa de que perturbe su casa de esta forma. La infortunada niña ha dejado de existir, y si no por ella, que ya no siente ni padece, sà por la satisfacción de su familia, me gustarÃa saber si la muerte de esta desdichada pareja ha conmovido su corazón de tal forma que darÃa su consentimiento a este matrimonio —un consentimiento que no dio en circunstancias más felices— de estar ellos con vida.
Lord… parecÃa perdido; Lady… no pudo soportar la mención de su hijo y salió de la habitación llorando a lágrima viva; el resto de la familia permaneció en atento silencio, casi persuadidos de que el señor Gower estaba loco.
—Señor Gower —replicó Lord… ha hecho usted una pregunta muy extraña. Me parece que está usted suponiendo una imposibilidad. Nadie puede lamentar más sinceramente que yo la muerte de mi hijo, y me duele mucho saber que la de la señorita Gower se ha acelerado a causa de la suya. Sin embargo, suponerlos vivos significarÃa destruir de inmediato el motivo que me harÃa cambiar de sentimientos con relación al asunto.