Amor y amistad
Amor y amistad —PreferirÃa que no hubiese encontrado al que sà lo hizo —dijo Kitty con vehemencia—, podrÃa haberse quedado en Inglaterra y haber sido feliz.
—Pues yo no sé qué calamidad puede haber en salir del paÃs de la forma más agradable, en compañÃa de dos o tres niñas muy dulces, en hacer un viaje delicioso a Bengala o a barbados, o donde quiera que sea, y en casarse poco después de su llegada con un hombre encantador e inmensamente rico. No veo la calamidad por ninguna parte.
—La verdad es que su versión de los hechos —dijo Kitty riendo— es totalmente distinta a la mÃa. Pero, incluso si lo que dice fuera cierto, lo que de ningún modo era seguro es que iba a ser tan afortunada con el viaje, con sus compañeras o con su marido. Me imagino que el simple riesgo de que fueran diferentes tuvo que ser una experiencia muy dura para ella. Por otra parte, para cualquier niña un poco delicada, el viaje mismo, como todo el mundo sabe, es un castigo que no necesita de ningún otro para ser muy severo.
—Yo no lo veo asÃ. No es la primera niña que se ha ido a la India para buscar un marido, y sostengo que yo lo encontrarÃa muy divertido si fuera igual de pobre que ella.