Amor y amistad
Amor y amistad —¡Cielo santo! —exclamó Kitty—. ¿Es usted el señor Stanley, entonces? Le ruego que me perdone. Aunque, en realidad, ahora que lo pienso, usted no me ha dicho su nombre en ningún momento.
—Discúlpeme, por favor, pero creo que cuando entró en la habitación le hice un gran discurso de presentación. Le aseguro que lo encontré muy bueno.
—El discurso, desde luego, fue muy meritorio —dijo Kitty, sonriendo—. Asà lo pensé entonces; aunque, como discurso de presentación, teniendo en cuenta que nunca mencionó su nombre, quizá podrÃa mejorarse.
Stanley desprendÃa tanta alegrÃa y buen humor que, aunque quizá era demasiado pronto para dirigirse a él con tanta familiaridad, Kitty no pudo evitar dar rienda suelta a su natural despreocupación y alegrÃa de carácter, y hablarle en los mismos términos que él lo hacÃa con ella. Por otra parte, Kitty conocÃa Ãntimamente a su familia, quienes después de todo eran sus parientes, y pensó que esa relación le permitÃa olvidar el poco tiempo que habÃa pasado desde que se habÃan conocido.
—El señor y la señora Stanley, y también su hermana, se encuentran muy bien —dijo—, y me atreverÃa a decir que se sorprenderán mucho de verle. Pero lamento oÃr que su regreso a Inglaterra se debe a una circunstancia desagradable.