Amor y amistad
Amor y amistad Kitty se acababa de vestir y estaba a punto de salir de su habitación para preguntar por el estado de la señora Percival, cuando la señorita Stanley llamó a la puerta y, después de obtener permiso para entrar, comenzó en su tono habitual un largo discurso sobre el horrible comportamiento de su padre al obligar a Edward a marchara y sobre el terrible comportamiento de Edward al hacerlo a aquella hora de la mañana.
—No puede imaginarse —dijo— lo sorprendida que me quedé cuando entró en mi habitación para despedirse.
—¿Entonces le vio esta mañana? —preguntó Kitty.
—¡Oh, sí! Y tenía tanto sueño que no pude ni abrir los ojos. Me dijo: «Adiós, Camilla, me voy. No tengo tiempo de despedirme de nadie más, y no me atrevo a ver a Kitty, porque si no me temo que no me iré nunca».
—¡Qué tontería! —dijo Kitty—. ¡No dijo eso, o si lo dijo fue en broma!