Amor y amistad
Amor y amistad «Y este es el afecto del que yo estaba tan segura —pensó para sÃ, enrojeciendo de rabia ante su propia estupidez—. ¡Oh, qué cosa más tonta es una mujer! ¡Qué vana y qué poco juiciosa! ¡Suponer que en el curso de veinticuatro horas un joven podrÃa desarrollar un afecto serio y verdadero por unaniñaque no tiene otra cosa que la avale sino un buen par de ojos! ¡Y se ha ido de verdad! ¡Se ha ido sin haberme dedicado quizá un solo pensamiento! ¡Oh! ¿Por qué no estarÃa levantada a las ocho? Aunque, en el fondo, es un justo castigo a mi pereza y a mi estupidez, y me alegro. Me merezco eso y diez veces más que eso por ser una vanidosa tan insufrible. Al menos me servirá de lección y me enseñará a no creer en el futuro que todo el mundo está enamorado de mÃ. Y, sin embargo, me hubiera encantado verle antes de su marcha, porque tal vez pasen años hasta que volvamos a encontrarnos. Aunque su forma de marcharse indica bastante indiferencia al respecto. ¡Qué extraño que se haya ido sin decir nada y sin despedirse de nadie! ¡Pero asà es como actúa un joven que se mueve por el capricho del momento o que disfruta haciendo cosas extravagantes! ¡Qué seres tan inexplicables! ¡Y las mujeres son igual de absurdas! Pronto empezaré a pensar como mi tÃa que todo va hacia el caos y que la raza humana se está degenerando».