Emma
Emma —Mi pobre Isabella —dijo cogiéndole cariñosamente la mano e interrumpiendo por breves momentos la labor que hacÃa para alguno de sus cinco hijos—; ¡cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que estuviste aquÃ! ¡Y qué largo se me ha hecho! ¡Y qué cansada debes de estar después de este viaje! Tienes que acostarte pronto, querida… pero antes de irte a la cama te recomiendo que tomes un poco de avenate. Los dos tomaremos un buen bol de avenate, ¿eh? Querida Emma, supongo que todos tomaremos un poco de avenate.
Emma no podÃa suponer tal cosa porque sabÃa que los hermanos Knightley eran tan reacios a aquella bebida como ella misma… y sólo se pidieron dos boles. Después de pronunciar unas frases más en elogio del avenate, extrañándose de que no todo el mundo lo tomara cada noche, dijo en un tono gravemente reflexivo:
—Querida, no creo que hicierais bien en ir a pasar el otoño a South End[9] en vez de venir aquÃ. Nunca he tenido mucha confianza en el aire de mar.
—Pues el señor Wingfield nos lo recomendó con mucha insistencia, papá… de lo contrario no hubiéramos ido. Nos lo recomendó para todos los niños, pero sobre todo para Bella, que siempre tiene la garganta tan delicada… aire de mar y baños.