Emma
Emma Al cabo de poco el señor Elton se despidió de ellos, y Emma no pudo por menos de hacerle justicia apreciando el sentimiento que puso al nombrar a Harriet cuando se iba; el tono de su voz al asegurarle que la última cosa que harÃa antes de prepararse para el placer de volver a ver a Emma serÃa ir a casa de la señora Goddard a pedir noticias de su linda amiga, y que esperaba que podrÃa darle mejores nuevas, era muy significativo; y suspirando esbozó una triste sonrisa que inclinó definitivamente la balanza de la aprobación en favor suyo.
Después de unos minutos que pasaron en completo silencio, John Knightley dijo:
—En mi vida he visto a un hombre más empeñado en ser agradable que el señor Eton. Cuando trata con señoras se le ve afanosÃsimo por complacerlas. Con los hombres es más sensato y más natural, pero cuando tiene una dama a quien complacer cualquier ridiculez le parece bien.
—Las maneras del señor Elton no son lo que se llama perfectas —replicó Emma—; pero cuando se ve que se desvive por agradar, hay que pasar por alto muchas cosas. Cuando un hombre hace lo que puede, aunque sea con dotes limitados, siempre será preferible al que sea superior pero no tenga voluntad. El señor Elton tiene tan buen carácter y tan buena voluntad que no es posible dejar de apreciar esos méritos.