Emma
Emma —¡Oh, querida! ¡Carne humana! ¡Qué cosas dices! Si es una alusión a la trata de esclavos, te aseguro que el señor Suckling siempre ha sido más bien partidario de la abolición.
—No querÃa decir eso, no me referÃa a la trata de esclavos —replicó Jane—; le aseguro que sólo pensaba en la trata de institutrices; y los que se dedican a ella ciertamente que no tienen la misma responsabilidad moral que los otros; pero en cuanto a la desgracia en que están sumidas sus vÃctimas, no sé cuál de las dos es peor. Pero lo único que querÃa decir es que hay oficinas de anuncios, y que dirigiéndome a una de ellas no tengo la menor duda de que muy pronto encontrarÃa algo que convenga.
—¡Algo que convenga! —repitió la señora Elton—. Esto denota la triste idea que tienes de ti misma; ya sé que eres una muchacha muy modesta; pero son tus amigos los que no se contentarán con que aceptes lo primero que te ofrezcan, con un empleo inferior a tus posibilidades, vulgar, en una familia que no se mueva en un ambiente de cierta categorÃa, que no pertenezca a un cÃrculo elegante.
—Es usted muy amable; pero todo esto no puede serme más indiferente; para mà no tendrÃa objeto vivir entre ricos; creo que aún me serÃa más penoso; la comparación todavÃa me harÃa sufrir más. La única condición que pongo es que sea la familia de un caballero.