Emma
Emma —Mañana vamos a Box Hill; vendrá usted, supongo… No es Suiza, pero para un joven que desea tanto cambiar, algo es algo. ¿Se quedará usted y vendrá con nosotros?
—No, desde luego que no; regresaré a casa con el fresco de la tarde.
—Pero puede volver a venir mañana, con el fresco de las primeras horas.
—No… no valdrÃa la pena. Si vengo estaré de mal humor.
—Entonces, por favor, quédese en Richmond.
—Pero si me quedo aún estaré de peor humor. No puedo sufrir el pensar que todos ustedes estarán allà sin mÃ.
—Éstos son problemas que debe usted resolver por sà mismo. Elija su grado de mal humor. Yo ya no volveré a insistir.