Emma
Emma Emma comprendió que debÃa esperar; y ahora ya no le exigÃa tanto esfuerzo; por lo tanto no hizo más preguntas, dedicándose simplemente a dejar volar su fantasÃa, y ello no tardó en llevarle a la suposición de que debÃa de tratarse de algún problema de dinero… algún hecho desagradable que se habrÃa acabado de descubrir en el seno de la familia… algo de lo que se habrÃan enterado gracias al reciente fallecimiento de la señora Churchill. Su fantasÃa era incansable. Tal vez media docena de hijos naturales… ¡Y el pobre Frank desheredado! Una cosa asà no era nada agradable, pero tampoco era como para angustiarla. Apenas le inspiraba algo más que una viva curiosidad.
—¿Quién es aquel señor a caballo? —dijo ella mientras seguÃan andando.
Emma hablaba sobre todo con la intención de ayudar al señor Weston a guardar su secreto.
—No lo sé… uno de los Otway… no es Frank; le aseguro que no es Frank. No le verá usted. A estas horas está a medio camino de Windsor.
—Entonces es que les ha hecho una visita, ¿no?
—¡Oh, sÃ! ¿No lo sabÃa? Bueno, no tiene importancia.
Permaneció en silencio durante unos momentos; y luego añadió en un tono mucho más precavido y grave:
—SÃ, Frank ha venido a vernos esta mañana sólo para saber cómo estábamos.