Emma
Emma El niño que iba a nacer en Randalls crearía un vínculo mucho más fuerte que el que representaba ella misma; y el corazón y el tiempo de la señora Weston serían absorbidos por él. La perderían. Y probablemente en gran parte iban a perder también a su marido… Frank Churchill no volvería más; y era lógico suponer que la señorita Fairfax pronto dejara de pertenecer a Highbury. Se casarían y se instalarían en Enscombe o cerca de allí. Iba a perder a las personas que más apreciaba; y si a estas pérdidas había que añadir la de Donwell, ¿qué amigos cordiales e inteligentes iban a quedar cerca de ella? ¡El señor Knightley ya no volvería a hacerles compañía por las tardes! ¡Ya no volvería a visitarles a todas horas, como si estuviera siempre dispuesto a cambiar su propio hogar por el suyo! ¿Cómo iba a poder soportar todo eso? Y si la causa de que le perdieran era Harriet; si a partir de entonces había que resignarse a la idea de que encontraba en la compañía de Harriet todo lo que él necesitaba; si Harriet iba a ser para él la elegida, la primera, la amiga más querida, la esposa en quien debía cifrar toda la felicidad del mundo; ¿qué idea podía resultar más desconsoladora para Emma, sino la que no podría jamás apartarse de su mente, de que todo habría sido obra suya?