Emma
Emma Su felicidad hubiese sido perfecta de no ser por la pobre Harriet; pero cada una de las dichas que iba poseyendo ella parecían representar un aumento de los sufrimientos de su amiga, a la que ahora debían incluso excluir de Hartfield. La pobre Harriet, como medida de beneficiosa prudencia, debía quedar al margen de aquel delicioso ambiente familiar con el que Emma ya soñaba. En todos los aspectos saldría perdiendo. Emma no podía lamentar su futura ausencia como algo. que echaría de menos para su bienestar. En aquel ambiente, Harriet sería siempre como un peso muerto; pero para la pobre muchacha parecía una necesidad demasiado cruel tener que verse en una situación de inmerecido castigo.
Por supuesto que con el tiempo el señor Knightley sería olvidado, mejor dicho, suplantado; pero no era lógico esperar que ello ocurriera en un plazo muy breve. El señor Knightley no podía hacer nada para contribuir a la curación; no podía hacer como el señor Elton. El señor Knightley, siempre tan amable, tan comprensivo, tan afectuoso con todo el mundo, nunca merecería que se le tributase un culto inferior al de ahora; y realmente era demasiado esperar, incluso dé Harriet, que en un año pudiera llegar a enamorarse de más de tres hombres.