Emma
Emma Y hacia allí se dirigió… últimamente en una ocasión había llamado en vano a aquella puerta, pero no había entrado en la casa desde la mañana del día que siguió al de la excursión a Box Hill, cuando la pobre Jane se hallaba en un estado tan lastimoso que la había llenado de compasión, a pesar de que entonces ni sospechaba el peor de sus sufrimientos… El miedo a no ser bien recibida la decidió, a pesar de que estaba segura de que la joven estaba en casa, a hacerse anunciar y a esperar en el pasillo… Oyó cómo Patty anunciaba su visita, pero no se produjo ningún revuelo como el que la otra vez la pobre señorita Bates hizo tan claramente inteligible… No; sólo oyó la instantánea respuesta de: «Haga el favor de decirle que suba…» Y un momento después salió a recibirla a la escalera la propia Jane, adelantándose apresuradamente a las demás, como si no hubiese considerado suficiente ningún otro género de acogida… Emma nunca la había visto con un aspecto más saludable, tan atractiva, tan bella. Todo en ella era equilibrio, alegría y efusividad; en su porte y en sus modales parecía rebosar de todo lo que hasta entonces le había faltado… Salió a su encuentro tendiéndole la mano; y dijo en voz no muy alta, pero sí muy afectuosa: