Emma
Emma —¡Qué amable ha sido usted…! Señorita Woodhouse, no sé cómo expresarle… Espero que me crea… Usted sabrá disculparme, porque ahora no encuentro las palabras…
Emma quedó muy complacida, y no hubiese tardado en encontrar ella las palabras adecuadas, de no contenerse al oír la voz de la señora Elton, que llegó desde el salón, incitándola a resumir todos sus sentimientos de amistad y de gratitud en un cariñosísimo apretón de manos.
La señora Bates estaba conversando con la señora Elton. La señorita Bates había salido, lo cual explicaba la falta de revuelo a la llegada de la joven. Emma hubiese preferido que la señora Elton estuviese en cualquier otro lugar menos allí; pero estaba en disposición de tener paciencia con todo el mundo; y como la señora Elton la recibió con una deferencia poco habitual en ella, confió en que la conversación podría discurrir por cauces pacíficos.