Emma
Emma —Gracias, muchas gracias, querida amiga; ¡eres tan cariñosa! No nos separaremos. Una mujer no tiene por qué casarse con un hombre sólo porque él se lo pida, o porque le haya inspirado un afecto, o porque él sea capaz de escribir una carta aceptable.
—¡Oh, no! Y además es una carta demasiado corta…
Emma se daba cuenta del mal sabor de boca que le habÃa quedado a su amiga, pero quiso pasarlo por alto y siguió:
—Desde luego; y de poco consuelo te iba a servir el saber que tu marido sabe escribir bien una carta cuando puede estar poniéndote en ridÃculo cada momento del dÃa, con la ordinariez de sus modales.
—¡Oh, sÃ! Tienes mucha razón. ¿Qué importa una carta? Lo que importa es gozar siempre de la compañÃa de personas agradables. Estoy totalmente decidida a rechazarle. Pero ¿cómo voy a hacerlo? ¿Qué voy a decirle?