Emma
Emma —¡Querida! ¿Cómo hubiese podido soportarlo? ¡SerÃa mi muerte el no volver nunca más a Hartfield!
—¡Pobre criatura, tan cariñosa! ¡Tú, desterrada en Abbey-Mill Farm! ¡Condenada durante toda tu vida a no tratar más que a gente vulgar y sin cultura! Me pregunto cómo ese joven ha tenido la osadÃa de proponerte tal cosa. Debe tener lo que se dice muy buena opinión de sà mismo.
—Tampoco creo que sea un engreÃdo —dijo Harriet, cuya conciencia se oponÃa a esta censura—; sea como sea, es una persona de intenciones rectas, y yo siempre le estaré muy agradecida y pensaré de él con afecto… Pero esto es una cosa, y casarse con él… Y además, aunque yo pueda atraerle, eso no quiere decir que yo vaya a… y desde luego tengo que confesar que desde que vengo aquà he conocido a personas… y si me pongo a hacer comparaciones, me refiero a la apostura y al trato, pues desde luego no hay comparación posible… aquà he conocido a caballeros tan atractivos y de trato tan agradable… Sin embargo, la verdad es que considero al señor Martin como un joven amabilÃsimo, y tengo muy buena opinión de él; y el que se muestre tan atraÃdo por mà y el que me escriba una carta como ésta… Pero yo no me separarÃa de ti por nada del mundo.