Los Watson

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Emma quedó disgustada. No le agradaba la propuesta, pues no quería entrar en demasiada intimidad con quien la formulaba; pero temía abusar de la generosidad de los Edwards, y deseaba tanto volver a casa que no sabía si podría declinar aquel ofrecimiento. La Sra. Edwards permanecía en silencio, como si no entendiera la situación o esperara a ver cuáles eran las intenciones de la joven. Emma dio las gracias a Tom Musgrave, pero le reiteró que no quería causarle ninguna molestia.

—En absoluto. Será para mí un honor y un placer. ¿Qué otra cosa mejor que hacer tenemos mis caballos y yo?

Pero Emma no se decidía y finalmente le rogó que «la excusara por rechazar su amable ofrecimiento, pero le daba bastante miedo el tipo de carruaje, y su casa no quedaba tan lejos para que no pudiera ir caminando». Entonces habló la Sra. Edwards, quien, tras informarse de algunos detalles, dijo:

—Emma, estaremos encantados de disfrutar de vuestra compañía hasta mañana, pero en cualquier caso tenéis el carruaje a vuestra disposición, y a Mary le hará ilusión ver de nuevo a vuestra hermana.

Esto es precisamente lo que Emma estaba deseando escuchar, y aceptó agradecida el ofrecimiento, reconociendo que, puesto que Elizabeth estaba sola, le gustaría llegar a casa para cenar. El visitante se opuso gentilmente a aquel plan.


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