Los Watson
Los Watson 
—No puedo tolerarlo de ninguna manera. No debéis privarme del placer de escoltaros. Os aseguro que no tenéis por qué temer a mis caballos. Vos misma podrÃais guiarlos. Vuestras hermanas saben lo mansos que son y ninguna de ellas tiene el menor reparo en subir conmigo, ni siquiera en la pista del hipódromo. Creedme —añadió, bajando la voz—, estáis a salvo conmigo; soy yo quien corre peligro.
Eso no hizo que Emma se sintiera más dispuesta a complacerle.
—Y os aseguro que es algo insólito que salga el carruaje de la Sra. Edwards el dÃa siguiente a un baile. Que yo sepa, serÃa la primera vez. El viejo cochero se enfurecerá tanto como sus caballos, ¿verdad, Srta. Edwards?
No obtuvo respuesta. Las damas guardaron un firme silencio, y el joven no tuvo más remedio que darse por vencido.
—¡Qué baile tan memorable el de anoche! —exclamó, tras una breve pausa—. ¿Os quedasteis mucho tiempo después de que los Osborne y yo nos fuéramos?
—Dos bailes más.
—Encuentro muy fatigoso quedarse hasta tan tarde. Supongo que vuestro grupo no serÃa muy numeroso.