Los Watson
Los Watson Robert Watson era un abogado de éxito en Croydon. Estaba muy orgulloso de sí mismo por ese motivo y por haberse casado con la única hija del abogado para el que había trabajado de pasante, dueño de una fortuna estimada en seis mil libras. Su esposa no estaba menos orgullosa de ese capital y de ser la actual propietaria de una imponente mansión en Croydon, en la que daba fiestas elegantes y se vestía con las mejores galas. No había nada destacable en su aspecto, y sus maneras resultaban descaradas y presuntuosas. Margaret no carecía de belleza; tenía una grácil y bonita figura, y a su rostro quizá le faltaba más atractivo que hermosura. La dureza y ansiedad de su expresión tal vez hacían que su belleza no fuera siempre apreciada. Al encontrarse con su hermana tanto tiempo ausente, como hacía siempre que podía lucirse, actuó y habló con suma afectación y gentileza; la sonrisa permanente y una dicción lenta eran sus recursos habituales cuando se proponía agradar.
Estaba «tan encantada de ver a su queridísima Emma» que apenas pudo decir nada en un minuto.
—Estoy segura de que seremos grandes amigas —dijo con gran emoción mientras se sentaban juntas.