Los Watson
Los Watson —Eres muy amable —respondió su madre—, y te aseguro que nos las hemos tenido que ingeniar para venir sin Augusta. Tuve que decirle que Ãbamos a misa y prometerle que volverÃamos enseguida. Pero sabes que no conviene traerla sin niñera, y que necesito saber que va a estar bien atendida.
—¡Pobrecita! —exclamó Margaret—. Se me partió el corazón al tener que dejarla.
—Entonces, ¿por qué tenÃas tanta prisa por separarte de ella? —exclamó su cuñada—. ¡Eres una muchachita despreciable! Por eso me he pasado todo el camino de vuelta discutiendo contigo. Nunca he visto una visita como la tuya. Sabéis cuánto nos alegra tener a cualquiera de vosotras en casa, incluso durante meses. Y lamento —dijo, sonriendo con sarcasmo— que este otoño no hayamos sido capaces de hacer de Croydon un lugar agradable.

—Querida Jane, no me abrumes con tus reproches. Conoces las razones que me obligaban a volver. Basta ya, te lo ruego. No puedo competir con tus sarcasmos.
—Bueno, sólo te pido que no predispongas a tus vecinos en contra de nuestra casa. Puede que Emma sienta la tentación de volver con nosotros y quedarse hasta Navidad, si tú no metes baza.
Emma le agradeció su invitación.