Los Watson
Los Watson —Jane, espero que encuentres todo a tu gusto —dijo Elizabeth, mientras abrÃa la puerta del cuarto de invitados.
—Oh, querida —replicó Jane—, te ruego que te dejes de ceremonias conmigo. Soy de las que se adaptan a lo que hay. Podré dormir en un pequeño cuarto dos o tres noches sin hacer un drama por ello. Ya sabes que siempre he querido que me tratéis en famille cuando vengo a veros. Y ahora espero que no nos hayáis preparado un festÃn. Recuerda que nunca cenamos.
—Supongo que tú y yo dormiremos juntas —dijo rápidamente Margaret a Emma—; Elizabeth siempre se las apaña para quedarse con un cuarto.
—No, ella me cede la mitad del suyo.
—¡Oh! —dijo Margaret suavizando el tono, bastante mortificada al ver que no se habÃan aprovechado de ella—. Siento perderme el placer de tu compañÃa, sobre todo porque me pone nerviosa pasar mucho tiempo sola.
Emma fue la primera en bajar al salón y, al entrar, se encontró a solas con su hermano.
—De modo, Emma, que eres como una extraña en casa —dijo él—. Debe de parecerte raro estar aquÃ. ¡Buena la ha hecho tu tÃa! ¡Santo cielo! Nunca se deberÃa confiar el dinero a las mujeres. Siempre dije que deberÃa haberte asignado parte de la herencia nada más morir su marido.