Los Watson
Los Watson —Es extraño que no te guste hacer lo que hacen otros caballeros. El Sr. Marshall y el Sr. Hemmings se cambian de traje todos los dÃas antes de cenar. ¿Y de qué me sirve traerte tu nueva chaqueta si nunca te la pones?
—Tú ocúpate de tus vestidos y deja a tu marido en paz.
Para poner fin a esta disputa y mitigar la evidente humillación de su cuñada, Emma (a pesar de no estar de humor para aliviar tanta majaderÃa) se puso a elogiar su vestido, lo que tuvo un efecto inmediato:
—¿Te gusta? —preguntó su cuñada—. Me alegro. Ha tenido mucho éxito, pero a veces pienso que el patrón es demasiado ancho. Mañana me pondré otro que creo que te gustará más. ¿Has visto el que le he regalado a Margaret?
Llegó la cena y la Sra. Watson, excepto cuando miraba el pelo de su marido, estuvo alegre y locuaz; reprendió a Elizabeth por el exceso de comida y protestó enérgicamente cuando sirvieron el pavo asado, que era lo único que faltaba en la mesa.
—Os ruego que no sirváis el pavo. Ya estoy bastante horrorizada con tanto plato. No nos obliguéis a comerlo, por favor.