Los Watson
Los Watson —Querida —replicó Elizabeth—, el pavo está asado, e igual da traerlo que dejarlo en la cocina. Además, una vez cortado, quizá mi padre sienta la tentación de probarlo, porque es su plato favorito.
—Puedes traerlo, querida, pero te aseguro que no lo probaré.
El Sr. Watson no se encontraba en condiciones de cenar con sus hijos, pero aceptó bajar a tomar el té con ellos.
—Ojalá pueda jugar a las cartas esta noche —dijo Elizabeth a su cuñada, después de ver al Sr. Watson cómodamente sentado en su butaca.
—Conmigo no cuentes, querida. Sabes que no me gusta jugar a las cartas. Prefiero mil veces una buena conversación. Siempre digo que las cartas a veces vienen muy bien para romper el hielo en un cÃrculo muy formal, pero no entre amigos.
—Pensaba que serÃa agradable para nuestro padre —dijo Elizabeth—, siempre que no te moleste. Dice que no tiene la cabeza para soportar el whist, pero si nos sentamos a jugar quizá le entren ganas de unirse a nosotros.