Mansfield Park
Mansfield Park —¡Cómo! —exclamó Julia—, ¿ir tres apretujadas en una berlina con este tiempo, cuando podemos tener asiento en un birlocho? No, mi querido Edmund, no me parece nada bien.
—Además —dijo Maria—, sé que el señor Crawford cuenta con llevarnos. Después de lo que pasó al principio, lo reclamarÃa como una promesa.
—Y, mi querido Edmund —añadió la señora Norris—, serÃa una inutilidad llevar dos coches cuando es suficiente con uno; y entre nosotros, al cochero no le gustan los caminos que hay de aquà a Sotherton: siempre se queja de las estrechuras que arañan el carruaje; y sabes que no estarÃa bien que, cuando venga sir Thomas, se encontrara con todo el barniz arañado.
—Ésa no es una razón muy delicada para utilizar el del señor Crawford —dijo Maria—; pero la verdad es que Wilcox es un viejo estúpido que no sabe conducir. Yo respondo de que no encontraremos estrechuras en el camino, el miércoles.
—Supongo que no habrá dificultad, ni será molesto —dijo Edmund—, viajar en el pescante del birlocho.
—¿Molesto? —exclamó Maria—. ¡Dios mÃo! Creo que a todos nos parece el asiento preferido. No tiene comparación en cuanto a la vista del campo. Probablemente, el asiento del pescante lo elegirá la señorita Crawford.