Mansfield Park
Mansfield Park Transcurridos de este modo unos minutos, la señorita Bertram, que observaba la cancela, expresó el deseo de cruzarla y entrar en el parque para abarcar mejor sus perspectivas y sus planos. Era precisamente lo que todos los demás deseaban, era lo mejor, el único modo de proseguir con algún provecho, en opinión de Henry; y allí veía una loma, como a medio kilómetro, que les brindaría precisamente la vista de la casa. Así que debían cruzar la cancela e ir a esa loma. Pero la encontraron cerrada. El señor Rushworth lamentó no haber traído la llave; había estado pensando si cogerla o no. No volvería a salir nunca más sin ella. Pero esto no solucionaba la actual dificultad. No podían entrar en el parque; y como la señorita Bertram no cejaba en su deseo, el señor Rushworth acabó diciendo sin más que ahora mismo iría a traer la llave, y se fue.
—Evidentemente, es lo mejor que se puede hacer, puesto que estamos ya bastante lejos de la casa —dijo el señor Crawford, cuando se hubo marchado el señor Rushworth.
—Sí, no puede hacerse otra cosa. Pero sinceramente, ¿no encuentra la propiedad peor de lo que esperaba?