Mansfield Park
Mansfield Park —Cuanto más fácilmente se divierte uno —replicó riendo— mejor compañÃa. No creo que la hubiera distraÃdo a usted con anécdotas irlandesas durante un viaje de dieciséis kilómetros.
—Naturalmente, me considero tan alegre como Julia; pero ahora tengo más cosas en que pensar.
—Sin duda… Y hay situaciones en que demasiada alegrÃa denota falta de sensibilidad. Sus expectativas, sin embargo, son demasiado optimistas para que justifiquen la falta de alegrÃa. Tiene ante sà un panorama de lo más risueño.
—¿Se refiere literalmente, o en sentido figurado? Supongo que literalmente. SÃ, desde luego: el sol es espléndido y el parque parece muy alegre. Pero por desgracia, esa cancela, esa valla, me producen cierta sensación de encierro y de opresión. No puedo salir, como decÃa el estornino —mientras hablaba, y lo hacÃa declamando, se acercó a la cancela; él la siguió—. ¡Cuánto tarda el señor Rushworth en traer la llave!
—A buen seguro que usted no saldrÃa sin la llave, y sin la autoridad y la protección del señor Rushworth; creo que podrÃa saltar sin mucha dificultad por encima de la cancela, por aquÃ, con mi ayuda. Creo que es factible, si verdaderamente desea más libertad, y no lo considera vedado.