Mansfield Park
Mansfield Park —Me alegro —dijo él en tono más animado, arrojando el periódico otra vez—; porque estoy reventado. Me asombra que esa buena gente aguante tanto tiempo de pie. Deben de estar todos enamorados, para encontrar divertida esta insensatez… Y lo estarán, imagino. Si miramos bien, podemos ver que son parejas de enamorados… Todos menos Yates y la señora Grant. Y entre nosotros: ¡pobre mujer! Debe de necesitar un amor tanto como la que más. Su vida debe de ser desesperadamente aburrida con el doctor —haciendo una mueca maliciosa mientras hablaba hacia la silla de éste; y como lo tenÃa sentado junto a su codo, tuvo que cambiar tan súbitamente de expresión y de tema que Fanny, pese a todo, casi no pudo contener la risa—. ¡Extraño asunto el de América, doctor Grant! ¿Usted qué opina? Yo siempre recurro a usted para saber qué debo pensar en cuestiones públicas.
—Mi querido Tom —exclamó su tÃa enseguida—, dado que no bailas, supongo que no tendrás inconveniente en jugar con nosotras una partida de «rubber», ¿verdad? —Y abandonando su silla y acercándose a él para reforzar su proposición, añadió por lo bajo—: Queremos formar partida por la señora Rushworth; a tu madre le encantarÃa, pero no tiene tiempo de sentarse, por su labor. Pero contigo y el doctor Grant, estaremos completos; aunque nosotras sólo vamos a jugar con medias coronas, tú y él podéis apostar medias guineas.