Mansfield Park
Mansfield Park —Me encantarÃa —replicó él en voz alta, levantándose de un salto—; serÃa una verdadera satisfacción para mÃ, pero en este momento iba a bailar. Vamos, Fanny —cogiéndole la mano—: no remolonees más, o se acabará el baile.
Fanny se dejó llevar encantada, aunque le fue imposible sentir la menor gratitud hacia su primo, ni distinguir, como desde luego distinguió él, entre el egoÃsmo ajeno y el suyo propio.
—Muy modesta petición, ¡sà señor! —exclamó indignado cuando se alejaban—. Querer tenerme clavado a una mesa de juego durante dos horas, con ella y el doctor Grant siempre discutiendo, y esa vieja fisgona que sabe tanto de «whist» como de álgebra. ¡Me gustarÃa que tÃa Norris fuera algo menos entrometida! ¡Y pedÃrmelo de esa manera, además, sin la menor discreción, delante de todos, para no dejarme posibilidad alguna de rechazar el ofrecimiento! Eso es lo que más me crispa. Lo que más furioso me pone: hacer como que te piden un favor, que te dan la opción de hacerlo, y al mismo tiempo pedÃrtelo de manera que no tienes más remedio que hacerlo; ¡sea lo que sea! Si no llego a tener la suerte de estar contigo, no me habrÃa podido librar. Me sienta fatal. Pero cuando a tÃa Norris se le mete algo en la cabeza, no hay nada que la pare.