Mansfield Park
Mansfield Park —Es muy distinto. Tú mismo tienes que ver la diferencia. Cuando éramos escolares, nuestro padre querÃa que habláramos bien; pero no querrÃa que sus hijas mayores representasen obras de teatro. Su sentido del decoro es riguroso.
—Sé todo eso —dijo Tom de malhumor—. Conozco a nuestro padre tan bien como tú, y cuidaré de que sus hijas no hagan nada que le pueda disgustar. Tú ocúpate de tus cosas, Edmund, que yo ya me ocuparé del resto de la familia.
—Si estás decidido a representar una obra —replicó el perseverante Edmund—, espero que sea de manera discreta y limitada; y creo que no deberÃais montar ningún escenario; serÃa tomarse libertades con la casa de nuestro padre, en su ausencia, que no tendrÃan justificación.
—En todo lo que se refiera a eso, seré responsable —dijo Tom en tono decidido—. Su casa no sufrirá ningún daño. Tengo tanto interés en cuidar de ella como tú; y en cuanto a hacer algún cambio como el que decÃa hace un momento, de correr una estanterÃa o abrir una puerta, o incluso utilizar la habitación del billar una semana, es como suponer que se opondrÃa a que estemos más en esta habitación y menos en el comedor de desayuno de lo que lo estábamos antes de marcharse, o a que corramos el piano al otro lado de la habitación… ¡Una completa tonterÃa!