Mansfield Park
Mansfield Park Sin hacerle caso, Henry Crawford siguió suplicando:
—Debe hacernos ese favor —dijo—; no tiene más remedio. Cuando haya estudiado el personaje, estoy seguro de que se dará cuenta de que le va. Usted podrá elegir la tragedia; pero desde luego, parece que la comedia la elige a usted. Tendrá que ir a verme a la prisión con una cesta de comida. No irá a negarme esa visita a la prisión, ¿verdad? Ya me parece verla entrar con la cesta.
Julia acusó el influjo de su voz. Titubeó; pero ¿trataba sólo de calmarla o aplacarla, y hacer que olvidara la anterior afrenta? No se fiaba de él. El desaire habÃa sido de lo más evidente. Quizá ahora se estaba burlando de ella. Miró a su hermana con recelo; la expresión de Maria lo decidirÃa: si la veÃa fastidiada y alarmada… pero Maria estaba toda serena y satisfecha; y Julia comprendió que en este sentido no podÃa estar contenta sino a costa suya. Asà que, con atropellada indignación, y con la voz temblorosa, le dijo:
—No parece tener miedo de no poder contenerse cuando entre con la cesta de comida, como cabrÃa suponer; ¡sólo como Agatha le iba a provocar la risa!
Calló; Henry Crawford se sintió ridÃculo, y como si no supiese qué decir. Tom Bertram empezó otra vez: