Mansfield Park
Mansfield Park A Fanny le pareció un atrevimiento, pero no opuso más resistencia; y entraron juntos en el comedor de desayuno, donde Edmund le dio papel, y le trazó las rayas con la misma benevolencia con que lo habría hecho su propio hermano, y probablemente con más precisión. Permaneció con ella todo el tiempo que estuvo escribiendo para ayudarla con el cortaplumas o la ortografía, ya que tenía necesidad de ambas cosas; y añadió a estas atenciones una amabilidad hacia su hermano que complació a Fanny más que ninguna otra cosa. De su puño y letra mandó afectuosos saludos a su primo William, e incluyó media guinea bajo el sello. Los sentimientos de Fanny, en ese momento, fueron de una naturaleza que se consideró incapaz de expresar; pero su semblante y sus escasas y torpes palabras transmitieron cabalmente toda su gratitud y contento; y su primo empezó a ver en ella a una personita interesante. Habló con ella más; y por todo lo que le oía llegó al convencimiento de que tenía un corazón afectuoso, y un gran deseo de obrar bien, y vio que era mucho más digna de atención, dada su situación delicada y su gran timidez. Jamás la había mortificado a sabiendas, pero ahora se dio cuenta de que necesitaba verdadera comprensión; y con ese propósito se esforzó en disipar primero su temor a todo el mundo. Y sobre todo, la aconsejaba muchas veces que jugase con Maria y con Julia y estuviese lo más alegre posible.