Mansfield Park
Mansfield Park Fanny era incapaz de negarlo, y todos seguían insistiendo. Y cuando Edmund repitió su deseo, con una mirada de afectuosa confianza en su bondad, no tuvo más remedio que ceder. Lo haría lo mejor posible. Todos se sintieron aliviados…, y Fanny se abandonó a los temblores de su corazón palpitante mientras los demás se disponían a empezar.
Y empezaron… Y, demasiado inmersos en su propio ruido para que les chocara un ruido desusado en la otra parte de la casa, habían avanzado ya un poco, cuando se abrió la puerta de par en par; y apareciendo Julia con la cara lívida, exclamó:
—¡Nuestro padre ha llegado! En este momento está en el recibimiento.