Mansfield Park
Mansfield Park Nadie en la reunión le escuchaba con tanto arrobamiento como su esposa, que le miraba inmensamente feliz, y cuyos sentimientos se habían encendido con su súbita llegada, de manera que estaba más cerca del nerviosismo que nunca en sus últimos veinte años. Casi se había sentido halagada durante unos minutos, y aún seguía tan sensiblemente animada como para olvidarse de su labor, apartar a Pug de su lado, y dedicar toda su atención y el resto del sofá a su marido. No tenía inquietudes por nadie que turbasen su bienestar; durante la ausencia de su esposo había pasado el tiempo de manera irreprochable: había hecho gran cantidad de labor de tapiz y muchos metros de cenefa; y habría respondido con tanta naturalidad de la buena conducta y ocupación provechosa de todos los jóvenes como de las suyas propias. Estaba tan contenta de verle otra vez, y de escucharle, y de tener los oídos entretenidos y el entendimiento lleno de sus relatos, que empezó a comprender lo mucho que le había echado de menos, y cuán imposible le habría sido soportar una ausencia prolongada.