Mansfield Park
Mansfield Park A la sobrina le pareció totalmente razonable. Valoraba su derecho a las comodidades todo lo bajo que la señora Norris era capaz de colocarlo; y cuando sir Thomas, poco después, abrió la puerta y dijo: «Fanny, ¿a qué hora quieres el coche?», sintió tal grado de asombro que le fue imposible responder.
—¡Mi querido sir Thomas! —exclamó la señora Norris roja de ira—, Fanny puede ir a pie.
—¿A pie? —repitió sir Thomas en un tono de incontestable dignidad; y adentrándose más en la habitación—: ¿Acudir a pie a una cena mi sobrina, en esta época del año? ¿Te parece bien a las cuatro y veinte?
—SÃ, señor —respondió Fanny, casi con los sentimientos de un criminal hacia la señora Norris; y no pudiendo soportar permanecer con ella en lo que podÃa parecer una actitud de triunfo, salió de la habitación detrás de su tÃo, demorándose sólo lo suficiente para oÃr estas palabras, dichas con irritada excitación:
—¡Es absolutamente innecesario! ¡Demasiada consideración! Pero va Edmund, es verdad: es por Edmund. Ya noté que la otra noche estaba con la voz tomada.
Pero no logró engañar a Fanny. SabÃa que el coche era por ella y sólo por ella. Y esta atención de su tÃo, llegada inmediatamente después de las reconvenciones de su tÃa, le costó algunas lágrimas de agradecimiento cuando estuvo sola.