Mansfield Park
Mansfield Park La señorita Crawford iba a irse pronto de Mansfield; y debido a esta circunstancia, el «no» y el «sí» se habían estado alternando últimamente. Edmund había visto cómo le brillaban los ojos al hablarle de la carta de una querida amiga que le pedía que fuera a Londres a pasar con ella una larga temporada, y de la amabilidad de Henry, que le había prometido no marcharse hasta enero para llevarla él. Edmund la había oído hablar del placer de tal viaje con una animación que contenía el «no» en cada palabra. Pero eso fue el primer día de decidirlo, durante la primera hora de entusiasmo, cuando no tenía en la cabeza otra cosa que los amigos que iba a visitar. Después, la había oído expresarse de manera diferente, con otros sentimientos, con sentimientos más varios; la había oído decir a la señora Grant que la dejaría con pesar, que empezaba a creer que ni los amigos ni los placeres a los que iba valían los que dejaba atrás; y que, aunque pensaba que debía ir, y sabía que lo pasaría bien una vez que estuviera lejos, ya estaba deseando encontrarse de vuelta en Mansfield. ¿No había un «sí» en todo esto?