Mansfield Park
Mansfield Park Con todas estas cuestiones que meditar, ordenar y reordenar, Edmund no podÃa pensar mucho en la velada que el resto de la familia esperaba más o menos con igual interés. Aparte del disfrute que iba a suponer para sus dos primos, la velada no tenÃa para él más valor que el que pudiera tener cualquier reunión de las dos familias. En cada reunión habÃa una esperanza de recibir nueva confirmación del afecto de la señorita Crawford; pero quizá no era el torbellino de un baile el ambiente más favorable para suscitar o expresar sentimientos serios. Pedirle pronto los dos primeros bailes fue la única medida de felicidad individual que consideró en su poder, y el único preparativo para el baile en el que fue capaz de intervenir, a pesar del ajetreo que habÃa a su alrededor al respecto, desde la mañana a la noche.
El dÃa del baile era jueves; y el miércoles por la mañana, Fanny, todavÃa dudosa sobre lo que debÃa llevar, decidió pedir consejo a personas más entendidas, y acudir a la señora Grant y su hermana, cuyo gusto juzgaba irreprochable; y como Edmund y William se habÃan ido a Northampton, y tenÃa motivos para creer que el señor Crawford estaba fuera también, bajó a la casa parroquial sin temor a importunar a las dos mujeres con una consulta en privado. El carácter privado de tal consulta era de lo más importante para Fanny, dado que se sentÃa más que medianamente avergonzada de su propia inseguridad.