Mansfield Park
Mansfield Park —Bueno, Fanny —dijo en cuanto estuvieron las dos solas después (se habÃa sentido algo asà como impaciente por estar a solas con ella), y al hablar, su semblante experimentó una extraordinaria animación—. Bueno, Fanny; esta mañana me han dado una sorpresa muy agradable. Tengo que hablar de eso una vez, le he dicho a sir Thomas que necesitaba hacerlo una vez aunque fuera; nada más. Te doy la enhorabuena, mi querida sobrina. —Y mirándola con complacencia, añadió—: ¡Vaya! Desde luego, somos una familia distinguida.
Fanny se ruborizó, y al principio no supo qué decir; un momento después, creyendo atacarla en su flanco vulnerable, contestó:
—Mi querida tÃa, usted no puede desear que obre de manera diferente de como he obrado, estoy segura. Usted no puede desear que me case, porque me echarÃa de menos, ¿verdad? SÃ, estoy segura de que me echarÃa demasiado de menos para desearlo.
—No, querida, no creo que te eche de menos, cuando se te presenta una proposición asÃ. PodrÃa valerme muy bien sin ti, si te casas con un hombre de tan buena posición como el señor Crawford. Y debes saber, Fanny, que es deber de toda joven aceptar una proposición tan irreprochable como ésa.