Mansfield Park
Mansfield Park —Nuestra liturgia —comentó Crawford— tiene bellezas que ni siquiera una lectura descuidada y chapucera puede destruir; pero tiene también redundancias y repeticiones que requieren una buena lectura para que no se noten. Yo al menos tengo que confesar que no siempre presto toda la atención que debiera —aquà una mirada a Fanny—; diecinueve veces de cada veinte estoy pensando cómo deberÃa leer el predicador, y deseando leerlo yo. ¿DecÃa algo? —acercándose ansiosamente a Fanny, y dirigiéndose a ella con voz suavizada; y al contestar ella «no», añadió—: ¿Está segura de no haber dicho nada? He notado que movÃa los labios y me pareció que iba a decirme que deberÃa estar más atento y no dejar que volasen mis pensamientos. ¿No iba a decirme eso?
—Desde luego que no; usted sabe demasiado bien cuál es su obligación para que yo… aun suponiendo…
Se detuvo, se dio cuenta de que se estaba armando un lÃo; y no consiguió hacerla decir una palabra más, ni aun después de varios minutos de suplicar y esperar. A continuación volvió a su sitio y prosiguió como si no hubiese tenido lugar tan tierna interrupción.